lunes 9 de noviembre de 2009

Triple recomendación en cartelera

En unas horas estaré en Mar del Plata para cubrir el Festival de Cine. Espero poder compartir con ustedes algunas impresiones sobre las películas que pretendo ver. También espero, al regresar, retomar la escritura de críticas, un ejercicio que extraño y que muchas veces no puedo concretar por falta de tiempo (tiempo psicológico, digamos, el más preciado de todos). Para los amigos que suelen preguntarme qué hay de bueno en las salas, recomiendo tres títulos (apuren, porque no van a durar mucho en cartel).

El solista (The soloist, Estados Unidos, 2008), de Joe Wright. Un periodista conoce a un lumpen que resulta ser un eximio chelista. ¿Quién es ese genio que no puede vivir más que en la calle? El vínculo entre ellos crece mientras uno empieza a reconstruir el pasado del músico, aunque hay nudos oscuros que nunca se desatan. ¿Cómo pretender llegar al otro por completo cuando apenas nos conocemos a nosotros mismos? Acercarse. Eso es lo que vale.

Entre nosotros (Alle anderen, Alemania, 2009), de Maren Aden. ¿Quiénes son esos jóvenes? ¿Hippies? ¿Amantes en un año sabático? ¿Dónde están? La pareja parece muy feliz, pero eso es solo en los primeros minutos, hasta que irrumpen los fantasmas: reproches, celos, montañas de inseguridad. Un escenario precioso cultiva una relación incendiaria. Tener la certeza de que el otro nos ama: un imposible. Pero de eso se trata.

Lejano (Uzak, Turquía, 2002), de Nuri Bilge Ceylan. Ratón de campo y ratón de ciudad, esta vez en Estambul. Un hombre se queda sin trabajo en su pueblo natal y decide instalarse en la casa de su primo, un fotógrafo amargado que aún mastica el duelo de su separación. Están solísimos pero no pueden comunicarse. Muros invisibles en un mismo hogar. Imágenes poderosas, tiempos como yunques, distancias inexplicables. Hay que salir del agujero interior.

sábado 7 de noviembre de 2009

Mass media

De los medios
de comunicación
en este mundo

tan codificado
con internet y otras navegaciones
yo sigo prefiriendo
el viejo beso artesanal
que desde siempre comunica tanto

Mario Benedetti

viernes 6 de noviembre de 2009

El eterno ring

“No existe otra cosa que la lucha. La lucha por seguir viviendo, incluso por querer seguir viviendo. El cuerpo en el que estamos prisioneros, la limitación que eso implica y la forma en que tu espíritu trata de ‘zafar’ de él, salir volando. Una cosa imposible. Podés intentarlo. Dicen que es posible a través de la poesía, a través del trabajo de cada uno. A través del pensamiento. Pero igual vas a seguir prisionero.”

Martin Scorsese

martes 3 de noviembre de 2009

Vértigo

"El peso, el olor, el tono de una risa o de una súplica, los tiempos y las precipitaciones, nada coincide siendo igual, todo nace de nuevo siendo inmortal, el amor juega a inventarse, huye de sí mismo para volver en su espiral sobrecogedora, los senos cantan de otro modo, la boca besa más profundamente o como de lejos, y en un momento donde antes había como cólera y angustia es ahora el juego puro, el retozo increíble o al revés, a la hora en que antes se caía en el sueño, el balbuceo de dulces cosas tontas, ahora hay una tensión, algo incomunicado pero presente que exige incorporarse, algo como una rabia insaciable. Sólo el placer en su aletazo último es el mismo; antes y después el mundo se ha hecho pedazos y hay que nombrarlo de nuevo, dedo por dedo, labio por labio, sombra por sombra."

Julio Cortázar


Rayuela (Capítulo 92 – Fragmento)

viernes 30 de octubre de 2009

De cero

“Utilizar un seudónimo significa empezar de nuevo y eso es lo que añoro y he querido buscar: empezar de nuevo y hacer una primera película, con toda la libertad que eso significa. No quiere decir que no haga películas con libertad, únicamente que es una libertad a base de quitarme presiones de encima. En el caso de hacer una primera película, esas presiones no existen: no tienes una línea, un estilo, empiezas. Incluso llegué a pensar en el seudónimo Harry Cane. Porque si lo pronuncias rápido, se oye Hurricane, ¡huracán! Pero mi hermano me lo prohibió, teníamos ya nuestra marca de fábrica, lo que nos costó bastante tiempo, entonces ¡no íbamos a empezar de cero!”.

Pedro Almodóvar *


Esto lo dijo el director español en 1995, comentando su película La flor de mi secreto, en donde el personaje central (Marisa Paredes) es una escritora de novelas rosas que firma con seudónimo. Catorce años después, en Los abrazos rotos, Almodóvar utiliza el nombre de Harry Cane para bautizar una de las dos caras de su protagonista (Lluís Homar).

* El texto citado es un fragmento del libro Pedro Almodóvar. Un cine visceral. Conversaciones con Frédéric Strauss (editado por El País/Aguilar, Madrid, 1995).

jueves 29 de octubre de 2009

Desayuno

Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharilla
lo revolvió.
Bebió el café con leche.
Dejó la taza
sin hablarme.
Encendió un cigarrillo.
Hizo anillos
de humo.
Volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme.
Sin mirarme
se puso de pie.
Se puso
el sombrero.
Se puso
el impermeable
porque llovía.
se marchó
bajo la lluvia.
Sin decir palabra.
Sin mirarme.
Y me cubrí
la cara con las manos.
Y lloré.

Jacques Prévert


La imagen pertenece a la película El Sur (1984), de Víctor Erice, una de las obras más perfectas de todos los tiempos. El film integra un interesante ciclo que comenzó ayer en la sala Leopoldo Lugones, dedicado al productor español Elías Querejeta. Las proyecciones de El Sur están programadas para el viernes 6 y el sábado 7 de noviembre, en diversos horarios. Ir al detalle del ciclo.

martes 27 de octubre de 2009

Esperando

Por Raúl Scalabrini Ortiz *

“Sin contratiempos, sin distracciones, el hombre fue el único espectáculo del Hombre de Corrientes y Esmeralda. Aprendió a mirarse vivir. Formó un ciclo completo dentro de sí. Aprendió a sigilar sus amarguras, a sofrenar sus alegrías y a atemperar sus ardimientos. En el arrobo de su propia contemplación, el hombre dejó de ver sus anécdotas: vio su espíritu, y no su traducción. Como el hombre de la pampa, él no tenía un paisaje delante de sí. Estaba solo junto a los años.” (…)

“El tiempo no fue, y no es, para él, una noción astronómica ni una vociferación de calendario: era y es la angustia de estar desperdiciando sus más nobles prendas, de estar malgastando el único capital que no se reconquista ni se adquiere. No tuvo a su lado una caricia que lo distrajera y la obsesión de lo que se va, pronto hizo añicos sus fuentes de acción. Uno no dicho ¿para qué? le impidió desenvolverse. Se quedó inmóvil, hundido en apatía inerte, esperando.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un niño que no ha madurado, que pasó de la infancia a la vejez. Le falta reposo, serenidad interior. A veces tiene empaques, pero no gravedad; mal humor, pero no severidad. Es casi un irresponsable ante la prudencia europea. La vida resbaló sobre él. Él no la vio pasar. Estaba encerrado en sí mismo, como en una cueva. Mide el tiempo con sus emociones, y cuando se contrasta con los sucesos exteriores se sorprende del número de años transcurridos.”


* Fragmento del libro "El hombre que está solo y espera".
(Editorial Plus Ultra)

Al leer este ensayo publicado en 1931, resulta inevitable la comparación con la imagen que hoy tenemos del hombre porteño. Porque la historia no pasa en vano, y a aquel prototipo perfilado magistralmente por el autor debemos sumar, entre otras cosas, el cambalache ideológico del siglo XX y la mezquindad de este individualismo feroz del presente, sin relativizar el rol del feminismo (es decir: hoy ese perfil debería contemplar otro lugar para la mujer). Y al mismo tiempo, cómo negarlo, en su diagnóstico Scalabrini Ortiz constata que efectivamente existe un gen, un trazo único y contradictorio, que se gestó en estos pagos y nos sigue definiendo. La hipocresía de pretender ser lo que no somos. El capricho de no saber qué queremos. Esa manía de exigir lo que supuestamente nos corresponde y no tenemos, sin saber cómo alcanzarlo por nuestra propia acción, nuestras ideas, nuestros proyectos.

Lo que no tuvo (del capítulo “Libreta de apuntes”):

"Cantar, ¿para qué? ¿Su tragedia? ¿La suya? ¿La del otro? ¡Si la vida está abriéndose ante él en franca dehiscencia. Pero él llora, es decir, él no llora, se sorbe las lágrimas y se ríe. Él se ríe siempre. Pero es por fuera. Ríe por lo que no ha reído. Llora por lo que no ha llorado. Sufre por lo que no ha sufrido. ¡Qué mundo prodigioso se podría construir con las emociones desperdiciadas! Hay un universo de afectos irremediablemente perdido." (R.S.O.)

domingo 25 de octubre de 2009

A lo mejor resulta bien...

La vida es una moneda

La vida en una moneda
quien la rebusca la tiene
ojo que hablo de monedas
y no de grueso billetes
mi vida en una hoja en blanco
un piano desafinado
diez dedos largos y flacos
y un manojo de palabras.

Sólo se trata de vivir
esa es la historia
con la sonrisa en el ojal
con la idiotez y la locura
de todos los días
a lo mejor resulta bien.

La gente sueña que sueña
la calle sigue que sigue
el taxi gira que gira
el cielo y la ancha avenida.

Los días cantan la historia
del hombre al borde del hombre
los días cantan mañana
los días no tienen miedo

Si nos inunda el asfalto
de sensaciones profundas
gocemos bien nuestro ahogo
que es nuestra imagen fecunda.

Juan Carlos Baglietto

(Letra: Fito Páez)

sábado 24 de octubre de 2009

Revelaciones

En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
El deseo de morir es rey.

Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones

Alajandra Pizarnik


La imagen pertenece al film Escrito en el cuerpo (The Pillow Book), de Peter Greenaway.

miércoles 21 de octubre de 2009

Bergman y aquella fotografía

En el bello libro titulado “Imágenes”, que reúne recuerdos, notas de rodaje, reflexiones sobre el cine y otras catarsis, el director sueco escribe estas líneas en torno de su película Persona (1966):

Por Ingmar Bergman *

La señora Vogler ansía la verdad. La ha buscado por todas partes y a veces ha creído encontrar algo sólido, algo duradero, pero de pronto el suelo ha cedido. La verdad se ha diluido y desaparecido o en el peor de los casos se ha convertido en una falsedad.

Mi arte no puede digerir, transformar u olvidar a aquel niño de la fotografía. Tampoco al hombre que arde por su fe.

Soy incapaz de entender las grandes catástrofes. Dejan mi mente impasible. Posiblemente pueda leer la narración de esos horrores con una especie de voluptuosidad -una pornografía del horror. Pero jamás logro librarme de esas imágenes. Convierten mi arte en payasadas, en algo sin importancia, en cualquier cosa. La cuestión es, tal vez, la siguiente: ¿tiene el arte posibilidades de sobrevivir si no es como actividad de tiempo libre?

¡Esos tonos, esos números de circo, todas esas pamplinas, esa engreída autosatisfacción! Si a pesar de esto sigo trabajando como artista, ya no lo hago como excusa y juego de adultos, sino con plena conciencia de que trabajo con una convención aceptada que, en algunos raros instantes, nos puede dar, a mí y a mis prójimos, algunos segundos de alivio y reflexión. La misión fundamental de mi profesión es, finalmente, proporcionarme sustento y, mientras nadie cuestione en serio este hecho, seguiré realizando mis obras por puro instinto de conservación.

* Fragmento del libro de memorias “Imágenes”, publicado por Tusquets (Barcelona, 1992).

La fotografía del Ghetto de Varsovia es el eje de una estremecedora escena del film Persona.

“El camino de la vida
de quien no encuentra su propio ideal,
lo conduce a una existencia
más difícil e imprudente
que la de aquel que no tiene ningún ideal.”

Friedrich Nietzsche

lunes 19 de octubre de 2009

"Me tengo que ir. Se me hace tarde."

Carta de despedida a una ilusión
(Cuento de Manuel) *


¿Cómo se le escribe una carta a una ilusión? ¿Cuál es su dirección, qué piso, ciudad o continente? ¿Hay que mandarla por avión o alcanza el cesto de los papeles? ¿Debe tener estampillas? ¿De cuántos pesos?

Me tengo que ir. Se me hace tarde.

Te estuve esperando en todas las esquinas un montón de tiempo. Pero me doy cuenta. Las ilusiones no van a ningún lado. Ayer empecé a darme cuenta de la hora. Llovía, hacía frío y creo que yo mismo tenía los ojos húmedos. No por vos. Por el tiempo. Tenía un lugar guardado, allí vivías vos, ilusión. Pero hoy te echo de mi casa. Estoy empezando a necesitar espacio. A darme cuenta de que a vos no te hace falta.

Cada mañana fría me doy cuenta de que no soy millonario. Y que la muerte me va cobrando su pasaje en cómodas cuotas. Y al final, cuando lo tenga pago, me voy a ir pobre, sin un solo peso del lugar. Sin un centavo de esperanza.

Para ese momento quiero haber hecho una buena inversión. Un gasto que multiplique mi capital en sonrisas, en aire y en cosas. Todo el mundo sabe que las ilusiones no dan buenos dividendos.

El viejo Marx sabe entenderme. Y muchos otros colegas también. Ya no vuelvas a mirarme con tus ojos de ilusión. Mi casa ya no es tu casa. La magia ya no existe. La maté.

Y pobre de ella si resucita.

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* Este texto integra el libro Partes de Manuel (La verdadera historia de Manuel Mandeb), de Evita Evequoz. El personaje de Mandeb fue protagonista de muchos relatos de Alejandro Dolina, quien se inspiró en un amigo desaparecido en la dictadura, Manuel Evequoz. En este libro, Evita reconstruye la figura de su hermano a partir de testimonios de personas que lo conocieron.

El fragmento reproducido arriba fue publicado en forma de anticipo por el diario Crítica (18-10-09). Ir al artículo completo.

domingo 18 de octubre de 2009

El argumento

Por la mañana
leemos anestesiados
las noticias
de la guerra (cualquier guerra),
un titular
bien merece algunos combates;
cada bando
desea demostrar que Dios
está de su parte
con el argumento definitivo;
nuestros ojos recorren
las páginas
buscamos más confirmaciones
de nuestra derrota
y el periódico trae lo que esperamos encontrar.

Rafael Cadenas

viernes 16 de octubre de 2009

La sociedad de la nieve, de Gonzalo Arijón

Algunos de ustedes conocerán la historia. Otros, los más jóvenes, tal vez no. A unos y otros les recomiendo con fervor esta película.

Por primera vez dan su testimonio los dieciséis sobrevivientes del accidente aéreo ocurrido en los Andes, en 1972. Dirigido por Gonzalo Arijón, La sociedad de la nieve es un documental clásico que tiene como eje el relato de los protagonistas: los recuerdos van rearmando la cronología del drama mientras se intercalan algunas escenas reconstruidas como apoyo visual para la narración. No hay voz en off: sólo las palabras sentidas de los sobrevivientes. Y los rostros de hoy. Y los cuerpos de ayer -hechos añicos- que asoman en las imágenes de archivo, tanto en las fotos como en los noticieros de televisión (un material estupendo).

Algunos de ustedes me dirán -ya los conozco- que no tienen ganas de ir al cine para sufrir con una anécdota tan tremenda. Claro que lo es: veintinueve personas murieron en la montaña. Por otro lado, la opinión pública -siempre ávida de morbo- se encargó de hacer trascender y banalizar el aspecto más delicado del caso (me da mucha pena y vergüenza cuando ante el recuerdo de la historia, en cualquier charla casual, nunca falta el "gracioso" con un comentario de humor negro).

Pero lo cierto es que, más allá de la angustia, hay pocos episodios en la historia de la humanidad que transmitan con tanta potencia lo que representa la fe. La creencia en algo abstracto, intangible, simbólico. Algo que nosotros y sólo nosotros podemos fabricar. Ellos creían en Dios, pero eso es lo de menos. El motor también podría haber sido la confianza en la amistad, en el destino, en el hombre mismo. La fe en una idea.


La fe sólo puede registrarse cuando se traduce en actos. Los escépticos argumentarán que la épica no es tal, que fue el simple instinto de supervivencia lo que motivó la resistencia de estos muchachos. Pero todos sabemos que con eso no alcanza. Y si hay algo que la tragedia de los Andes confirma es que la resistencia resulta inconcebible sin las ganas. La voluntad.

Insisto: vayan al cine a ver esta película. Y no se preocupen si, cuando abandonan la sala, una sensación no identificada les golpea el pecho y pide permiso para pasar. Déjenla entrar. Tiene sólo dos letras y no ocupa lugar.



Para quienes deseen rememorar un poco la historia, copio abajo el prefacio de "¡Viven!", el apasionante libro que Piers Paul Read publicó en 1974.

"El día 12 de octubre de 1972, un Fairchild F-227 DE LAS Fuerzas Aéreas Uruguayas, alquilado por un equipo amateur de rugby, despegó de Montevideo, en Uruguay, hacia Santiago de Chile. Noticias de mal tiempo en los Andes obligaron al avión a aterrizar en Mendoza, una pequeña ciudad en la vertiente argentina. Al día siguiente el tiempo mejoró. El Fairchild despegó de nuevo y se dirigió hacia el paso Planchón, y a las 15,24 sobre la cuidad de Curicó, en Chile. Recibió la autorización de virar hacia el norte y de iniciar el descenso hacia el aeropuerto de Pudahuel. A las 15,30 comunicó que volaba a una altura de 5.000 metros, pero cuando un minuto más tarde, la torre de control de Santiago intentó comunicar con el Fairchild, no obtuvo respuesta.

Chilenos, argentinos y uruguayos buscaron el avión durante ocho días. Entre los pasajeros no sólo se encontraban los quince componentes del equipo de rugby, sino además veinticinco amigos y parientes de los jugadores, todos ellos pertenecientes a influyentes familias uruguayas. La búsqueda no obtuvo resultados. Era evidente que el piloto había calculado erróneamente la posición y había virado hacia el norte, hacia Santiago, cuando aún se encontraba en medio de las montañas. Era el comienzo de la primavera en el hemisferio sur, y en los Andes había nevado en gran abundancia. El techo del avión era blanco. Así pues, había muy pocas posibilidades de encontrarlo, y todavía menos de que alguno de los cuarenta y cinco pasajeros y tripulantes hubieran sobrevivido a la catástrofe.

Diez semanas después un campesino chileno que apacentaba el ganado en un valle perdido en las profundidades de los Andes vio, al otro lado de un torrente, las figuras de dos hombres. Los hombres empezaron a gesticular y se clavaron de rodillas en actitud suplicante, pero el pastor, creyéndolos terroristas o turistas, desapareció. Cuando al día siguiente volvió al mismo lugar, las dos figuras seguían allí y volvieron a hacerle gestos indicándole que se acercara. Se acercó a la orilla del río y lanzó al otro lado un papel y un bolígrafo envueltos en un pañuelo. El barbudo de aspecto harapiento lo recogió, escribió algo en el papel y se lo devolvió al campesino con el mismo método. Decía así:

Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo…

Había dieciséis supervivientes. Ésta es la historia de lo que sufrieron y de cómo consiguieron sobrevivir.”

miércoles 14 de octubre de 2009

Buscar y saber

"El infierno de los vivos no es algo que será: hay uno, es aquel que existe ya aquí y es el que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos. Dos formas hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo ya. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio."

Italo Calvino
(“Las ciudades invisibles”)