Si acaso al otro lado de la vidaotra vez, por azar, nos encontramos,
¿se reconocerán nuestras miradas
o seremos tan sólo un par de extraños?
De todos modos te amaré lo mismo.
Juntos. O separados.
Meira Delmar
Si acaso al otro lado de la vida
No voy a hacer un balance del festival ya que apenas vi una pequeña porción de películas. Lo que me importa es enunciar un deseo: que el festival siga. Sin estrellas ni pompas, este festival austerito me cae muy bien así como está. El cambio de fecha a noviembre parece confirmar otra vez que en esta época el público no va a perder el tiempo (en esta edición noté que muy pocas personas abandonaban las salas, aun en las películas más arduas). El actual es un espectador maduro, que disfruta del cine en el cine porque, claro, las entradas son accesibles. Este público selectivo es numeroso y entonces -¡oh!- en las funciones centrales las salas desbordan (¿cuándo les caerá la ficha a los exhibidores de Buenos Aires?).
Pasaron más de treinta años desde que Irène falleció. Quien fuera su marido, Alain Cavalier, rueda una película sobre ella. El director toma su cámara digital y emparcha con imágenes los volátiles recuerdos, en un film que propone un ritual demasiado subjetivo, táctil, casi promiscuo. Como leer un diario íntimo que quedó olvidado en un cajón, ese diario que escribimos cuando queríamos ser felices, sin saber que ya lo éramos, o al menos no teníamos tantas apatías. Leerse a uno mismo sin comprender la propia letra. Cavalier filma una y otra vez las páginas de viejos cuadernos, las palabras tachadas, esas que esconden lo fallido. Por eso no puedo hablar más que desde mí, aquí y ahora, con este monólogo desordenado, porque la película me envolvió y sigo hasta este instante pensando en Irène, arrobada por su enigma, hermoso rompecabezas al que le faltan ciertas piezas. Piezas que nadie tiene, quizás ni siquiera ella. Pero la cámara las busca con obstinación, con dulce violencia, acercándose a los objetos como si quisiera triturarlos hasta volverlos ceniza. Un edredón, una lámpara, una ventana, un rayo de luz, algún animal. En ellos se apoya la cámara, persistiendo en vano. Porque un fantasma no tiene contornos. No se podrá encuadrar jamás. No hay testimonios de otros, sólo la susurrante letanía del director, una voz que tanto puede alcanzar honduras metafísicas como deslizarse hacia el caos confesional propio de una borrachera melancólica. Y las fotografías -documentos que podrían darle cuerpo a la mujer- se hacen esperar. Cuando finalmente vemos una foto de su rostro, Irène es tan perfecta que resulta irreal. Ella partió una tarde en su auto y nunca volvió. Dicen que fue un accidente. Dicen que un homenaje no debería avanzar sobre la oscuridad del personaje retratado. El director no hace caso y hacia el final recuerda que su esposa era una persona triste, depresiva, lejana, recubriendo todo el film con una perturbadora ambigüedad. Si Irène ya era inaprensible en vida, ¿cómo pretender comprenderla en la muerte? ¿Por qué volverla cine? Cavalier sigue el consejo de Bresson: “Escarba en el mismo lugar. No te escurras fuera. Doble, triple fondo de las cosas…”. Irène es una pequeña gema para entregarse al extrañamiento.
Pasemos a las memorias del poeta Joseph Brodsky, protagonista de A room and a half. El film abre con una habitación descascarada que parece calcada de El espejo, como si el realizador Andrey Khrzhanovsky quisiera blanquear desde el inicio que su necesidad es idéntica a la de Tarkovski: apresar esa nube llamada Rusia, la cuna adorada a la que no se puede volver. Brodsky nació en San Petersburgo en 1940, como intelectual se opuso al estalinismo y se exilió en Estados Unidos desde 1972 (donde murió, en 1996). Entre la nostalgia y la ironía, el relato reconstruye su vida haciendo foco en sus padres, la infancia y las primeras rebeldías, con la curiosa intervención de fragmentos animados que colorean los recuerdos con un perfume infantil (Khrzhanovsky es un nombre importante dentro del cine de animación).
El crítico Horacio Bernades en Página/12 describió con ingenio a esta película como una “Amélie rusa”, dado que los moños surrealistas y otras licencias parecerían torcer aleatoriamente el eje dramático del film. En efecto, no se trata de una obra redonda y su ambición termina por dispersar el relato en varios momentos, pero creo que la clave reside en el retrato político del personaje. “Nuestra generación es la última que se interesó en los valores culturales”, dice el poeta cuando rememora la bohemia de los ’60, década en la que fue acusado de “parasitismo social” y obligado a cumplir trabajos forzosos. Lejos de todo egoísmo, Brodsky abogó por el individualismo como único camino para recuperar la subjetividad, para que el hombre eligiera su estilo de vida sin pensar como burócrata. Lástima: no es el artista quien cambia la Historia, sino la economía. Cuando el Brodsky imaginado por el film recorre la Rusia actual y "democrática", se siente contrariado al observar compatriotas que sólo se dedican a consumir y hablar por celular. Y lo miran raro. Cayó el Muro, es cierto. Muchos festejan que ya no haya más fronteras, opresión y otros etcéteras. Pero queda claro que la supuesta “libertad” del capitalismo desatado no es precisamente la que Brodsky había soñado. Como decía Marx, aún estamos en la prehistoria de la humanidad. No sé qué sería de nosotros si no tuviéramos la voz de los poetas.
El solicitante descolocado
En unas horas estaré en Mar del Plata para cubrir el Festival de Cine. Espero poder compartir con ustedes algunas impresiones sobre las películas que planeo ver. También espero, al regresar, retomar la escritura de críticas, un ejercicio que extraño y que muchas veces no puedo concretar por falta de tiempo (tiempo psicológico, digamos, el más preciado de todos). Para los amigos que suelen preguntarme qué hay de bueno en las salas, recomiendo tres títulos (apuren, porque no van a durar mucho en cartel).
De los medios
“No existe otra cosa que la lucha. La lucha por seguir viviendo, incluso por querer seguir viviendo. El cuerpo en el que estamos prisioneros, la limitación que eso implica y la forma en que tu espíritu trata de ‘zafar’ de él, salir volando. Una cosa imposible. Podés intentarlo. Dicen que es posible a través de la poesía, a través del trabajo de cada uno. A través del pensamiento. Pero igual vas a seguir prisionero.”
"El peso, el olor, el tono de una risa o de una súplica, los tiempos y las precipitaciones, nada coincide siendo igual, todo nace de nuevo siendo inmortal, el amor juega a inventarse, huye de sí mismo para volver en su espiral sobrecogedora, los senos cantan de otro modo, la boca besa más profundamente o como de lejos, y en un momento donde antes había como cólera y angustia es ahora el juego puro, el retozo increíble o al revés, a la hora en que antes se caía en el sueño, el balbuceo de dulces cosas tontas, ahora hay una tensión, algo incomunicado pero presente que exige incorporarse, algo como una rabia insaciable. Sólo el placer en su aletazo último es el mismo; antes y después el mundo se ha hecho pedazos y hay que nombrarlo de nuevo, dedo por dedo, labio por labio, sombra por sombra."
“Utilizar un seudónimo significa empezar de nuevo y eso es lo que añoro y he querido buscar: empezar de nuevo y hacer una primera película, con toda la libertad que eso significa. No quiere decir que no haga películas con libertad, únicamente que es una libertad a base de quitarme presiones de encima. En el caso de hacer una primera película, esas presiones no existen: no tienes una línea, un estilo, empiezas. Incluso llegué a pensar en el seudónimo Harry Cane. Porque si lo pronuncias rápido, se oye Hurricane, ¡huracán! Pero mi hermano me lo prohibió, teníamos ya nuestra marca de fábrica, lo que nos costó bastante tiempo, entonces ¡no íbamos a empezar de cero!”.
Echó café
Al leer este ensayo publicado en 1931, resulta inevitable la comparación con la imagen que hoy tenemos del hombre porteño. Porque la historia no pasa en vano, y a aquel prototipo perfilado magistralmente por el autor debemos sumar, entre otras cosas, el cambalache ideológico del siglo XX y la mezquindad de este individualismo feroz del presente, sin relativizar el rol del feminismo (es decir: hoy ese perfil debería contemplar otro lugar para la mujer). Y al mismo tiempo, cómo negarlo, en su diagnóstico Scalabrini Ortiz constata que efectivamente existe un gen, un trazo único y contradictorio, que se gestó en estos pagos y nos sigue definiendo. La hipocresía de pretender ser lo que no somos. El capricho de no saber qué queremos. Esa manía de exigir lo que supuestamente nos corresponde y no tenemos, sin saber cómo alcanzarlo por nuestra propia acción, nuestras ideas, nuestros proyectos.
Curso intensivo:Un curso intensivo pensado para entrenar al espectador en la apreciación, interpretación y disfrute del cine. Los contenidos buscan formar una mirada crítica a partir de un recorrido por la historia, los directores, las teorías y las corrientes estéticas fundamentales del arte cinematográfico.
Algunos temas a desarrollar:
• El nacimiento de un nuevo lenguaje. La imagen cinematográfica y su relación con lo real.
• La función creadora de la cámara: encuadre, campo visual, ángulos, movimientos.
• La representación del espacio y el tiempo fílmicos. La puesta en escena.
• El montaje: funciones, estilos, ideología.
• Elementos de guión: tipos de conflicto, estructura, personajes.
• Relaciones entre el relato y la historia. Los puntos de vista: óptico, narrativo, predicativo.
• El sistema de géneros. Del cine clásico al cine moderno. La teoría del autor.
• El rol del espectador: identificación, análisis, interpretación.
En todas las reuniones se proyectarán fragmentos de filmes. Para el análisis de películas completas, cada asistente recibirá una copia del título en cuestión para visualizarlo de forma particular.Lugar: centro cultural ESPACIO Y (Mansilla 2982, PB)
Para inscripción y consultas llamar a Espacio Y al número 4962 - 9402 (a partir de las 15 hs).
Para más detalles, por favor escribir a: datosparacaro@yahoo.com.ar
*Carolina Giudici es Licenciada en Comunicación Social. En los últimos nueve años se desempeñó como columnista del ciclo radial “El refugio de la cultura”, que conduce Osvaldo Quiroga. Es docente especializada en periodismo y cine.
La vida es una moneda
En la noche a tu lado
En el bello libro titulado “Imágenes”, que reúne recuerdos, notas de rodaje, reflexiones sobre el cine y otras catarsis, el director sueco escribe estas líneas en torno de su película Persona (1966):