Billy Brown (Vincent Gallo) sale de la cárcel, camina unos pasos y se sienta en un banco, rodeado de calles desiertas y heladas. Parece estar absolutamente solo en el mundo. Deambula asustado, perdido. Llama por teléfono a su madre y le promete ir a visitarla junto a su mujer. Miente. Él no está casado, pero no duda en secuestrar a la primera chica con quien se cruza para llevarla a su casa y presentarla como su esposa. La víctima en cuestión se llama Layla (Christina Ricci) y es una muchacha mansa y afectuosa, el extremo opuesto a Billy, siempre enojado, agresivo y reacio al más mínimo contacto corporal. Sólo los une la tristeza, y una imperiosa necesidad de cariño que él prefiere negar.Buffalo ’66 avanza tímidamente hacia lo imprevisible, en medio de climas incómodos, diálogos secos y pinceladas de humor negro. Es la historia de un hombre desconsolado, capaz de pasar en un instante del solipsismo a la violencia, de la soberbia al llanto. Es fácil odiar a Billy hasta que el guión decide desnudar su pasado: infancia gris, amores imposibles, padres siniestros. El presente para él es angustia y el futuro no existe... está solo. Y Layla está amarrada a su lado.
Estrenado en el Festival de Sundance de 1998, Buffalo ’66 es el primer film como director de Vincent Gallo, un intérprete recordado principalmente por sus trabajos en Sueño de Arizona de Emir Kusturica y El Funeral de Abel Ferrara. Según las palabras del mismo actor, el guión está inspirado en hechos autobiográficos, aunque no es necesario conocer ese dato para sentir la película como una confesión liberadora. Gallo y Christina Ricci forman una pareja vulnerable y mágica; sus presencias son fundamentales para este pequeño film que, a pesar de sus atmósferas frías, alcanza picos de un romanticismo insospechado y conmovedor.











En su artículo "La estética del silencio", Susan Sontag afirma: “Para percibir la plenitud, hay que conservar un sentido agudo del vacío que la delimita; a la inversa, para percibir el vacío, hay que captar otras zonas del mundo como colmadas”. El realizador necesita explorar otras historias, otros seres, otras oscuridades, para certificar que lo único que realmente vale es el amor. O la posibilidad de algo parecido a eso, al menos. Por eso el film también incluye a personajes como Sam (Samantha Tan), una adolescente que conoce a Jackie (Ezann Lee) a través del chat, se enamora perdidamente de ella y un día, sin más, se descubre con el corazón destrozado. O el personaje de Fatty (Seet Keng Yew), un tímido guardia de seguridad que mitiga su soledad ingiriendo enormes cantidades de comida, mientras espía embobado a una joven ejecutiva que trabaja en el edificio que vigila. O el viejo y melancólico almacenero (Chiew Sung Ching) que cada día prepara laboriosamente una cena para su esposa convaleciente en un hospital. Estas tres ficciones, que al principio parecen no tener conexión, se irán cruzando de a poco con el camino de Theresa, para finalmente redondear un relato único.